La Batalla de las Vizcacheras

La piel del color de la tierra, los ojos cobrizos encendidos por el amanecer rebelde. Agazapado entre silencios, en una hondonada del otro lado del Salado, Arbolito le cortó la cabeza al coronel prusiano Rauch, fantasma de los años oscuros, de ayer y de hoy. El grito reventado. La sangre podrida, a borbotones.

La hojarasca levitando. Las cornamentas crepitando.

El estallido: la victoria que sus manos entregaron a los indios ranqueles.



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