Corazones de cuarzo fulgurante

Las cholas son quienes se agigantan, casi platónicamente en la lucha de clases; como las comuneras campesinas y las mujeres indígenas de las comunidades originarias que saben llevar el corazón en la mirada. Son las mujeres mineras, con sus ojos de ametrina, las que nos arrastran a la lucha. Son las Bartolinas Sisa, con su fulgor contagioso e iridiscente, como el sol que desciende sobre el Altiplano andino, la Amazonía, Oruro y Santa Cruz. Rebasan el Trópico de Cochabamba, en la zona de Chimoré, recogiendo el aplauso de miles y miles de changadores, aymaras y quechuas con su popular acullico, irrumpiendo con dignidad y tenacidad en los barrios populares de La Paz.

Las mujeres, con su espíritu combativo, luchan con determinación y desobediencia. Nos brindan siempre el mejor nutriente: los valores, la ética, la conciencia de clase, la templanza y la dureza necesarias para convertirnos en una expresión viva de la lucha. Ellas hacen fructificar las semillas que nunca se resignan, como Domitila Chungara, que supo convertir el polvo de las galerías mineras en palabra insurgente. Perseguida, encarcelada y desterrada, en diciembre de 1977, junto a otras mujeres, hizo de su propio cuerpo una trinchera. Jamás cedieron ante la prepotencia de los fusiles ni ante el estruendo de las botas. Su palabra continúa ardiendo como una brasa obstinada. 

Parapetadas, son sagaces para denunciar y para practicar rupturas frente al peso de las cosas. Son ellas quienes organizan los bloqueos e impulsan las asambleas, los cabildos y los plenarios por una rebelión obrera independiente y socialista que pregona la abrogación del estado de sitio frente al injerencismo de Rodrigo Paz, cuyas políticas de ajuste, privatizaciones, represión y alineamiento imperialista han masacrado al pueblo.

¡Basta de privilegios para la oligarquía latifundista! ¡Fuera el imperialismo de América Latina!

¡Jallalla Bolivia y los Pueblos Originarios en la lucha obrera!





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