Sosegadas

Ellas se conocieron en una librería, compartían la complicidad de un buen escondite. El tiempo era tan sosegado que ningún reloj funcionaba.

Los ojos tristes de una, le enseñaban a la otra, que hay ojos inolvidables y tristezas que enamoran. La boca de la otra, le demostraba que incluso en silencio los labios piden besos a los gritos.

Eran hojas de papel al desnudo que en sus letras acaloraban el silabario. Un punto de inflexión en sus vidas bajo la luz asperjada.

Telepáticamente se prometieron un amor no pendiente.

Se conocieron en una librería y se regalaron una novela para toda la vida.



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